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Monday, May 23, 2005

Tónico




Tratando de solucionar mi problema compré un tratamiento carísimo de esos de las ventas por televisión que resultó en más acné, probé el jabón de tepezcohuite que mi hermana me mandó por correo, mismo que me dejó la cara más seca que hasta parpadear me dolía y aún así mis sebosos amigos se las ingeniaban para salir. Cada día se desarrollaba en mi el miedo de abrir los ojos y descubrir cuantas nuevas erupciones adornarían mi cara, dicen que exagero, pero quien no lo ha vivido nada sabe de lo que hablo.

Un día sin buscar, en una tienda de un aeropuerto encontré un tratamiento que me ofrecía una solución, sin tener nada más que perder (mi dinero o mis barros), tomé mi tarjeta de crédito la misma que comparto con mi esposo y viola!!! Tarjetazo.

Uno por uno el empedrado de mi cara se fue desvaneciendo, era como un milagro, muy feliz seguí al pie de la letra las instrucciones, lavar la cara con el jabón, aplicar el tónico, y después el humectante, un mes de tratamiento y mi cara lucía como nunca. El tónico era el que se acababa velozmente, poniéndome en la necesidad de ir al centro comercial y comprar más.

Odio ir a las tiendas, así que era vivir con granos y aprender a ser feliz o ir al centro comercial no tener granos y no aprender nada. Después de extensa deliberación me decidí ir a la tienda. Me estacioné en la parte trasera para evitar todo el congestionamiento de gente en la entrada principal, entré por atrás llegar al mostrador de las cremas en un par de pasos, el plan era… pedir lo que quería, pagar y salir corriendo.

Llegué al mostrador, el tónico estaba visible, lo pedí a la empleada que muy amablemente me saludo:

- ¿Para qué necesita usted este tónico, usted no tiene acné?
Secamente contesté - Pero, tenía.
- Nunca lo hubiera creído su piel luce estupenda.
- Gracias que amable.
- Tiene usted alguna pregunta sobre nuestros productos.
- No, me gustan mucho, gracias.
- Ya que usted está aquí le gustaría que le maquille sus ojos, tiene usted unos ojos muy interesantes.

No sé que me pasó, hubo algo en mi interior que me decía que debería de aceptar la invitación, además nunca nadie me había maquillado antes, me preguntaba cómo lucirían mis ojos, después de no quererme ver al espejo por meses, ahora tendría la oportunidad de disfrutar mis ojitos por una tarde. Le dije -Sí claro.

Me sentó en uno de esos banquillos altos una luz potentísima me alumbraba la cara, me puso crema en los parpados y comenzó a colorear, cada medio minuto me hacía que me viera en el espejo que estaba a mi derecha, yo elogiaba su trabajo y así pasamos un rato. Yo me empecé a preocupar cuando pasaban los minutos y ella sólo se concentraba en mi ojo izquierdo, no había tocado mi ojo derecho.

Corregía su trabajo, me decía que si los colores así que si los colores asado, ¿qué no me va a pintar el otro ojo?, parece que no. Se me quedaba viendo por largo tiempo, criticaba su obra, movía la cabeza, asintía, abría la boca para mencionar a medias uno que otro color, como haciendo una lista. No me preocupaba la salida del centro comercial con un ojo pintado y el otro no, lo que me preocupaba era mi incapacidad de preguntarle... de pedirle que me pintara los dos ojos.

Dibujaba en mi mente los atajos que tomar para ser vista por menos gente y como llegaría a casa. Cuando al final me dijo que ya había terminado mi ojo, alguien la llamó, me pidió que la esperara unos minutos. Tomé rápidamente el delineador de ojos y alcancé a dibujar una línea en mi parpado inferior de mi ojo derecho, ví que se acercaba y dejé el lápiz donde estaba.

- ¿Qué le parece?
- Muy bien. Enfatizando. MI OJO SE VE MUY BIEN.
- Gracias, de verdad brinda más luminosidad a su cara.

Ella notó que mi ojo derecho estaba delineado, - ¿Fui yo la que pintó esa línea en su otro ojo?

Contesté nerviosa - No fui yo quería ver como funcionaba su delineador
- Es excelente, ¿no cree?
- Sí buenísimo
- Déjeme quitar esa línea de su ojo.
- No. Contesté nerviosa.
- Permítame, si no es nada, miré hacia arriba.

Maldecía en silencio la hora en que me vio, mi ojo izquierdo estaba para aparecer en la portada de cualquier revista y en cambio mi ojo derecho se veía pequeño, pálido, tímido. Yo estaba lista para correr. Veía la marca del foco se leía SILVANIA pensando que todavía no había pagado mi tónico, seguramente tendría que hacerlo con mi dispareja apariencia. Me empezaba a resignar.

Al terminar esto ella me dijo:

- ¿Le puedo preguntar de dónde es usted?
- Soy mexicana

Me miró con los ojos muy... muy abiertos, ¿en serio?. Sin que nada más me importara le dije: - Sí. Yo estaba ya lista para pagar, intenté ponerme de pie pero ella me lo impidió se acercaba a mi sin quitarme la mirada de encima. - Dígame por favor si usted ha estado alguna vez en la Basílica de Guadalupe. En un tono indiferente le dije que sí. Ella estaba lista para explotar, permaneció muy cerca de mi sin dejar que me moviera.

– - Dígame ¿cómo es?
– - ¿Qué?
– - La Vírgen
– - Ahhhh ...muy bonita

Ella respiraba rápidamente por la emoción, pero dígame más por favor. Me rogó. Pues es muy bonita, ella interrumpió -seguro que se siente su poder desde que entra uno a su templo. - Ehhh sí el edifico es impresionante muy moderno. A ella no le importaba la arquitectura me di cuenta. - Pues la gente la respeta mucho. Afirmé.

Ella con tristeza en la mirada me dijo: - Usted es muy afortunada, muchos daríamos lo que fuera para poder verla. Hablaba en serio, más miedo me dio, con temor a contradecirla murmure: - Es cierto. Ella dejó de hablar me seguía mirando, yo le sonreí ella no reaccionó. Volvió en sí como si acabara de despertar...Suspiró...

- ¿Está usted lista?
No muy segura contesté
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué?
- Sí, ¿para qué?

Me sonrió: - no se va a ir con un solo ojo pintado, ¿verdad?.

Fabiola

Thursday, May 19, 2005

Nos dijimos

Había algo de masculino en ella, debo confesar que era lo que más me atraía. Después de años de tratar y tratar, me había cansado de las mujeres complicadas, algunos consideran el género femenino como sinónimo de complejidad, pero no lo es en todos los casos.

Pero quiero hablar de aquellas que sí son complicadas… sí de esas mujeres que arman un drama por todo: por lo que haz hecho, por lo que no haz hecho, por lo que dejaste de hacer, por lo que intentaste hacer pero no te salió, por lo que piensas hacer. Cada una de tus acciones, pensamientos e intenciones están bajo su lente escudriñador. Sinceramente ya estaba cansado.

Encontrándome en este estado fue cuando la conocí…todo se dio fácil… era casi un sueño; temiendo despertar solo y con el malestar le propuse nos fuéramos a vivir juntos, no podía dejar ir a aquella belleza, quien tomaba cerveza como cosaco, eructaba sin pudor y más importante su mente estaba libre de malos entendidos, disculpas, dramas y reclamos…debía de estar soñando esto no puede ser verdad.

Pero lo era… y como soy un hombre de pocas palabras voy a ir directo al punto, pasé los tres años más felices de mi vida, para ser un sueño pues no estaba nada mal. ¿Mencioné que ella es honesta? y no me refiero a las personas que se dicen honestas por compromiso, ella lo era en cuerpo y alma. Algunas veces podía ser dolorosamente honesta… nada más no me esperaba lo que estaba por venir.

Un día sin más me vi fuera del apartamento que compartíamos, respiraba con dificultad y pensé que en ese mismo instante iba a morir de rabia.

Una voz en mi cabeza me decía que todo iba a estar bien, que en realidad aquello no estaba ocurriendo, yo estaba enamorado hasta los huesos, a veces dolía sentir tanto amor.

La misma voz me dijo que caminara que si caminaba me iba a sentir mejor, traté de respirar, tomaba aire con mi nariz pero me salía por la boca no lograba retenerlo, veía todo…la vida, la calle, la ciudad como sino estuviera ahí, lo veía todo como si lo estuviera recordando, me desdoblaba eso era… me estaba desdoblando.

Pasé por un puesto de flores, compré rosas…muchas…para ella…todo el dinero que traía en el bolsillo. A todas las mujeres les gustan las rosas me dijo la señora que me las vendió, yo sólo le dije: - sí, ¿verdad?.

Ahora con mis flores la tenía que enfrentar. Caminé de vuelta pensando que debía de haber un error, sí un malentendido eso debe de ser, después de todo ella era mujer y algún día debía de haber uno, pero la voz me decía: - no te hagas pendejo sabes que no es así, ella fue clara.

Toque a la puerta, me sentía ajeno, llevaba la llave en mi bolsillo, ella abrió la puerta tranquila con una mirada de preocupación cuando vio las flores que cubrían mi cara. – No me hagas esto por favor, sólo te estoy siendo sincera. Además desde que empezamos lo dijimos, no sé por qué estás reaccionando así, no es nada…nada.

Algo me hizo click en la cabeza. Ella tiene razón, sí… lo dijimos no una vez… mil veces, a qué puta hora le dije que sí. Dejé las flores sobre la mesa, ella estaba compuesta mirándome extrañada, nunca se espero mi reacción. Mi cabeza no me daba para decir nada inteligente, lo único que atinaba a decir eran te quieros en una medida de desesperación.

Ella me decía: - yo también te quiero. Lo que te estoy diciendo no tiene nada que ver con el amor que te tengo.

Cierto…lo sabía digamos a nivel intelectual, pero vamos a nivel carne me volvía loco me hacía rabiar, si hubiera podido hacerla pedazos cada vez que lo repetía lo hubiera hecho lo que quería era reducirla a nada, no podía aguantar el dolor que me hacía sentir su honestidad.

Ella me hablaba despacio para hacerme entrar en razón: -Yo te quiero, pero si quiero hacerlo. Es sólo para experimentar y para no sentirme encerrada en esta relación, lo único que te pido es un respiro nada más. Yo pensé que estabas de acuerdo con la idea. Lo hablamos mil veces y tú me dijiste que sólo te avisara que hasta te latía la idea de participar, y ve cuando lo hago te vuelves loco y hasta flores me traes.

En lugar de calmarme, más me encabroné…estallé: - Pues sabes qué, ya lo pensé y no, no estoy de acuerdo y hazle como quieras, nadie a mi me va a venir a ver la cara de pendejo.

Ella blanca sin saber con quien estaba tratando me gritó: – pero tú me dijiste. – Si ya sé pero ya cambié de opinión. Levanté mi mano, la señalaba amenazante, - óyelo bien, nadie…nadie mientras yo viva se va a coger a mi vieja. Después de decirlo me sentí mucho mejor.




Fabiola
Mayo 2005.

Monday, May 16, 2005

La vida de los pájaros




Descansábamos en el corredor, habíamos trabajado en la casa desde la mañana. Ella inició la conversación diciendo: - Mira aquél pájaro - ¿Cuál? Respondí. - Ese que está en la rama. Asentí con la cabeza para dejarle saber que ya lo veía. - Me pregunto ¿qué tipo de pájaro es? - Samuel ¿tú sabes? - No, no sé.

Ella continúo... se ve que acaba de salir del nido, está aprendiendo a volar, si te pones a pensar, para él todo es nuevo, ha vivido lo que tiene de vida en lo alto del árbol, nunca a sentido el pasto bajo sus patas, no se ha acostumbrado al aire en sus alas.

Samuel interrumpió. A los pájaros de ese tamaño les toma sólo dos semanas para alcanzar el tamaño de sus padres. Cuando lo logran es hora de dejar el nido.

- ¡Mira lo que hace! toma pequeños riesgos, primero de una rama a otra. ¡Mira se ha parado en el bebedero! apuesto que es la primera vez que toma agua.
- Sus padres ya los han dejado, ya es hora que vuelen por sí solos. Samuel agregó.


Yo no abrí la boca por que a mí no me importa la vida de los pájaros.

Fabiola
Mayo 2005

Sunday, May 08, 2005

Yo soy el nieto




A simple vista se podía decir que él era un perdedor, un pobre hombre sin fortuna, sin un techo donde vivir, sin tener segura la comida de mañana. Nadie entendía al abuelo como yo, ambos buscábamos las mismas cosas en la vida, él es el único hombre feliz que conozco; para quien no tiene la felicidad en el corazón simplemente es imposible verla.

Mi abuelo vive con mi tío Víctor, quien no para de criticarle sus ideas de libertad, en el fondo mi tío guarda un profundo resentimiento hacia el abuelo, porque al parecer fue muy difícil crecer en casa. Era...dicen una casa de locos en donde mi abuela no paraba de rezar para que mi abuelo cambiara y se pusiera a trabajar, mientras el abuelo trataba de armar un ejército de libre pensadores, quienes al final del tiempo serían los que salvarían al mundo de su ruina. Maldecía a la Iglesia y peleaba con la abuela sobre sus creencias, ella sin saber que hacer lo rociaba de agua bendita abría sus brazos e imploraba a su Dios por la salvación de la perdida alma de mi abuelo.

Dicen que la abuela después de estas confrontaciones caía en cama enferma por semanas, incapaz de levantarse y era el abuelo quien tomaba el mando de la casa, atendiendo a los hijos, llevándolos a la escuela, alimentándolos y ayudándoles con sus tareas. El abuelo disfrutaba tanto aquel tiempo con sus hijos, aunque no podía ocultar sus tristeza, podríamos llamarla decepción al ver que ellos crecían rápidamente, dejando ver cada vez más el parecido que tenían con la abuela.

Los hijos de ellos dos sin saber para donde mirar y para donde correr compensaban en parte la locura familiar luchando incansablemente hasta crear una vida “normal” en la que hubiera estructura... orden donde el papá fuese a trabajar, la mamá se quedara en casa a cuidar a los niños y sobre todo que la idea de Dios estuviese clara.
Si me preguntas cómo hace mi abuelo para saber el futuro no te lo puedo decir, creo que su mente y su espíritu trascienden las fronteras del mundo y las ideas. Un día en el que fumábamos en el jardín me dijo: - Ismael, confió plenamente en tu juicio. Estoy seguro que sabrás lo que hacer cuando llegue el momento. Sabía exactamente a lo que se refería, inmediatamente después que terminó decirme esto, sentí una extraña sensación de haber estado antes allí, de haber escuchado a mi abuelo decir las mismas palabras, dejá vu...

Tomamos a Petro nuestro perro y digo nuestro por que el abuelo me lo había encargado, me dijo que cuando él muriera yo me haría cargo del animal, que sería un hijo para mi, así que ese mismo día comencé a construir la relación, para que ante la ausencia de mi abuelo no se dejase morir de tristeza, era importante que el perro sobreviviera.

A mi abuelo no le importaba si tenía que esperar por el perro en el limbo, lo que era importante es que el animal pudiera adquirir la sabiduría necesaria para guiarlo a través del inframundo. Me decía: - Ismael sé que si muero iré al limbo, no tengo otro lugar a donde ir, pero esperaré a Petro para que me lleve a donde debo estar.

Oímos al tío Víctor gritar adentro de la casa, Petro ladraba sin cesar...

El hijo de mi tío había dejado de respirar, por alguna razón yacía en la calle en medio de un charco de sangre, todos en la casa gritaban y corrían... el cuadro era tan irreal que parecía sacado de una película, yo sin embargo tuve otra vez la sensación de haber vivido la escena con anterioridad no había nada de que preocuparse era un simple dejá vu...

La ambulancia llegó a la escena, el cuerpo de mi primo no respondía, era una masa de carne eso era lo que era... por primera vez sentí miedo ante la muerte, a quedar reducido a carne. Miré al abuelo y él miraba hacia el cielo como buscando algo.

Petro estaba serio, sabía la gravedad del asunto...

Me dijo mi abuelo, tu primo ya se ha marchado, se ha tirado de la ventana por miedo, pronto vendrá el perro que lo guiará al infierno de los cobardes. Y ahí estaba... un perro callejero apareció se acercaba al cuerpo de mi primo reclamando su pertenencia.

Yo me quedé helado ¿cómo hace el abuelo para saber estas cosas?, nadie más notó al animal, fue hasta que pusieron a mi primo en la camilla y lo subieron a la ambulancia, que el perro enfureció y comenzó a ladrarle a los socorristas, uno de ellos atinó a darle una patada en el hocico para callarlo. El animal orgulloso no reaccionó ante la agresión y se quedó quieto hasta que cerraron la puerta de la ambulancia. Mi tío iba acompañando a mi primo.

Vimos partir a la ambulancia, mi tía iba siguiéndolos en auto. En cuanto se pusieron en marcha el perro que esperaba salió disparado corriendo tras la ambulancia, aquel animal no era de este mundo en cuestión de segundos los había alcanzado su existencia tenía un solo propósito guiar a mi primo hacia el infierno de los cobardes.

El animal se le cruzó a mi tía por enfrente, lo que hizo que ella pisara los frenos con toda su fuerza para evitar atropellarlo. Todos presenciábamos la escena, sucedió cuando llegaron a la esquina de la calle, el auto de mi tía dio un trompo y con la parte trasera llegó a golpear la ambulancia, la ambulancia perdió el control y se estrelló contra el poste de la luz.

Corrimos todos ante lo que había sucedido ante nuestros ojos. Mi abuelo y Petro se quedaron atrás mirando hacia el cielo, ellos ya sabían que no teníamos salvación, cuando viré mi mirada para ver lo que hacían pude ver las luces en el cielo. Mi abuelo me miró, me hizo una señal para que regresara, entre el caos no pude escuchar lo que me dijo, pero leí sus labios: - El fin ha comenzado. De nuevo volví a sentir la deliciosa sensación de dejá vu...


Fabiola
Mayo ´05

Saturday, May 07, 2005

Tenancintla



La enfermedad se la comía por dentro, ambas lo sabíamos. El médico habló con ella ayer tarde, en un tono poco convincente me dijo que todo iba bien y que pronto la enfermedad cedería.

Cuando llegamos a su casa, ella se sentó en el sofá exhalando profundamente mostrando su cansancio, de manera informal casi infantil me pidió que la acompañara a Tenancintla el fin de semana.

Pensé, esta mujer debe de estar loca, han de ser las medicinas que toma la han trastornado. El viaje nos representaría estar sentadas en un autobús por ocho horas. Su cuerpo últimamente lucía más débil que nunca, yo dudé que ella aguantara el viaje.

Cuando le pregunté, cual era el interés de ir a aquél lejano lugar, me contestó que había escuchado era un pueblito muy pintoresco clavado en la Sierra, que el aire era fresco, que la atmósfera del lugar era lenta, justo lo que necesitaba para terminar de sanarse.

Ante mi primer rechazo ella insistió diciéndome que celebraríamos que estaba tan pronta a recuperarse, fui incapaz de decir no. En contra de mi voluntad y cargando con la responsabilidad de ella acepté hacer el viaje.

El viernes por la mañana pasé por ella a su casa y tomamos un taxi hacia la estación, llevábamos poco equipaje, una mochila en nuestras espaldas, me daba la impresión que tarde o temprano ella se rompería ante el peso de la mochila, que aunque liviana era suficiente para hacerla sudar.

Esperábamos el camión, ella estaba emocionada como una niña, todavía se podían ver en sus enflaquecidos brazos las marcas que dejaron el suero y las miles de inyecciones que había recibido. Ella miraba insistente por las grandes ventanas de la terminal esperando el arribo del camión.

Sentada abrazando su bolsa comenzó a toser un poco, al principio no hice caso, su tos rápidamente se convirtió en un impulso incontrolable, tosía y tosía sin poder respirar, su rostro enrojecía, sus ojos parecían saltar de sus órbitas...en cuestión de segundos todos en la estación nos miraban sorprendidos, ella agitaba sus brazos tratando dando la impresión que pronto pasaría.

Tomé mi botella de agua y se la ofrecí, ella tomó unos cuantos sorbos lo que ayudó y en cuestión de minutos su roja cara sonreía aliviada. Yo estaba enojada de mi flaqueza de no poder decir que no, este viaje era una estupidez, me sentía preocupada, ella debería de estar en casa descansando y no aquí esperando hacer un viaje tan difícil.

Sin más le dije: - No podemos ir, no podemos ir contigo así. Ella muy hábilmente no reaccionó ante mis palabras. Yo no me atreví a tocarla, pero la hubiera agarrado del brazo y me la hubiera llevado a rastras a su casa. Ella sólo me dijo: - No te apures ya me siento bien, el viaje va a estar bonito. Traté por todos lo medios de persuadirla de que esta idea era una locura, pero no tenía la fuerza en mi corazón para ponerme más enérgica, pensaba que tal vez éste sería nuestro último viaje. Algo me decía que debía de hacer lo que ella quisiera, sí por lástima, odiaba admitirlo, pero todo lo hacía por lástima.

No me podía imaginar por lo que ella estaba pasando, el aferrarse a la vida con garras y dientes, el querer hacer un estúpido viaje que lo único que le traería más dolor y más cansancio.

El camión se asomó por el gran ventanal, éste era el momento decisivo, si abordábamos el autobús no había vuelta de hoja. Ella ni siquiera me miraba, no quería que mi mal humor le estropeara su aventura, casi dos años en el hospital si pueden tener efecto en tu alma.

Insistí en que fuéramos tal vez a otro lugar a la playa podíamos ir en avión, pero ella esta determinada a ir a Tenancintla, no hubo poder humano que la hiciera cambiar de opinión, era determinación era la que la tenía viva, los doctores no se explicaban como estaba respirando todavía.

Cargó su maleta con una sola mano, jamás la había visto hacer eso ni siquiera cuando estaba sana. Yo tenía ganas de salir gritando, estaba a sólo unos minutos de abordar el autobús con ella, no quería pensar en lo que le podía pasar durante el viaje. No conocía el lugar ni siquiera sabía si había un hospital o una clínica cerca, qué irresponsabilidad me decía a mi misma.

Faltaban 20 minutos para irnos, decidí que iría a la farmacia afuera de la estación para comprar más agua, ella se rehusó a acompañarme no quería correr el riesgo de perder el camión, se quedaría ahí para cuidar que no nos dejara.

En el camino a la farmacia no podía callar mi cabeza, me gritaba que no debíamos abordar el camión que debía llevarla a su casa a donde necesitaba estar. Tomé del refrigerador dos botellas de agua y pedí unos analgésicos más pensando en mi, estas medicinas eran como caramelos para ella ya no le hacían nada. Tomé una revista de chismes del anaquel para tener en que distraer mi mente durante este estúpido viaje, no lo había comenzado y ya lo empezaba a maldecir, esto era mala señal. - Ya estuvo de tonterías, pensé. Determinada a no tomar el camión. Esta era la claridad que necesitaba, mi sentido común por fin había tomado el mando. - No vamos a tomar el camión y punto, aliviada de la decisión busqué otra revista para leer en casa.

Un hombre miraba las revistas y me miraba a mi, era un hombre moreno y alto, sentía su mirada insistente, sentí que otro hombre entró en la farmacia lo supe por el sonido que produjeron sus zapatos.

Las cosas que llevaba en las manos cayeron al piso cuando el hombre que tenía a mi lado me tomó por sorpresa, me ahorcaba con su brazo derecho y me apuntaba la cabeza con su mano izquierda, podía sentir el frío metal de su arma en mi sien. No salían las palabras de mi boca, estaba demasiado asustada, pero me imaginaba que querían el dinero, era temprano para que los ladrones hicieran un buen botín.

La empleada con su bata blanca y los ojos llenos de miedo abrió la caja registradora y sacó unos cuantos billetes, no eran ni tres cientos pesos, el hombre que recibió el dinero exigió que le diéramos lo que traíamos, éramos tres en la farmacia, unas cuantas baratijas de oro y como doscientos pesos en efectivo, no sé que esperaban pero gritaba de furia al ver el mediocre botín.

Sentí un soplo ardiente en mi cabeza...cuando caía al vació escuché lo que decía el hombre: “"Tomen pendejos para que aprendan a traer dinero la próxima vez”" fue lo último que oí.


Fabiola
Mayo 2005

Que día es hoy?