
Tratando de solucionar mi problema compré un tratamiento carísimo de esos de las ventas por televisión que resultó en más acné, probé el jabón de tepezcohuite que mi hermana me mandó por correo, mismo que me dejó la cara más seca que hasta parpadear me dolía y aún así mis sebosos amigos se las ingeniaban para salir. Cada día se desarrollaba en mi el miedo de abrir los ojos y descubrir cuantas nuevas erupciones adornarían mi cara, dicen que exagero, pero quien no lo ha vivido nada sabe de lo que hablo.
Un día sin buscar, en una tienda de un aeropuerto encontré un tratamiento que me ofrecía una solución, sin tener nada más que perder (mi dinero o mis barros), tomé mi tarjeta de crédito la misma que comparto con mi esposo y viola!!! Tarjetazo.
Uno por uno el empedrado de mi cara se fue desvaneciendo, era como un milagro, muy feliz seguí al pie de la letra las instrucciones, lavar la cara con el jabón, aplicar el tónico, y después el humectante, un mes de tratamiento y mi cara lucía como nunca. El tónico era el que se acababa velozmente, poniéndome en la necesidad de ir al centro comercial y comprar más.
Odio ir a las tiendas, así que era vivir con granos y aprender a ser feliz o ir al centro comercial no tener granos y no aprender nada. Después de extensa deliberación me decidí ir a la tienda. Me estacioné en la parte trasera para evitar todo el congestionamiento de gente en la entrada principal, entré por atrás llegar al mostrador de las cremas en un par de pasos, el plan era… pedir lo que quería, pagar y salir corriendo.
Llegué al mostrador, el tónico estaba visible, lo pedí a la empleada que muy amablemente me saludo:
- ¿Para qué necesita usted este tónico, usted no tiene acné?
Secamente contesté - Pero, tenía.
- Nunca lo hubiera creído su piel luce estupenda.
- Gracias que amable.
- Tiene usted alguna pregunta sobre nuestros productos.
- No, me gustan mucho, gracias.
- Ya que usted está aquí le gustaría que le maquille sus ojos, tiene usted unos ojos muy interesantes.
No sé que me pasó, hubo algo en mi interior que me decía que debería de aceptar la invitación, además nunca nadie me había maquillado antes, me preguntaba cómo lucirían mis ojos, después de no quererme ver al espejo por meses, ahora tendría la oportunidad de disfrutar mis ojitos por una tarde. Le dije -Sí claro.
Me sentó en uno de esos banquillos altos una luz potentísima me alumbraba la cara, me puso crema en los parpados y comenzó a colorear, cada medio minuto me hacía que me viera en el espejo que estaba a mi derecha, yo elogiaba su trabajo y así pasamos un rato. Yo me empecé a preocupar cuando pasaban los minutos y ella sólo se concentraba en mi ojo izquierdo, no había tocado mi ojo derecho.
Corregía su trabajo, me decía que si los colores así que si los colores asado, ¿qué no me va a pintar el otro ojo?, parece que no. Se me quedaba viendo por largo tiempo, criticaba su obra, movía la cabeza, asintía, abría la boca para mencionar a medias uno que otro color, como haciendo una lista. No me preocupaba la salida del centro comercial con un ojo pintado y el otro no, lo que me preocupaba era mi incapacidad de preguntarle... de pedirle que me pintara los dos ojos.
Dibujaba en mi mente los atajos que tomar para ser vista por menos gente y como llegaría a casa. Cuando al final me dijo que ya había terminado mi ojo, alguien la llamó, me pidió que la esperara unos minutos. Tomé rápidamente el delineador de ojos y alcancé a dibujar una línea en mi parpado inferior de mi ojo derecho, ví que se acercaba y dejé el lápiz donde estaba.
- ¿Qué le parece?
- Muy bien. Enfatizando. MI OJO SE VE MUY BIEN.
- Gracias, de verdad brinda más luminosidad a su cara.
Ella notó que mi ojo derecho estaba delineado, - ¿Fui yo la que pintó esa línea en su otro ojo?
Contesté nerviosa - No fui yo quería ver como funcionaba su delineador
- Es excelente, ¿no cree?
- Sí buenísimo
- Déjeme quitar esa línea de su ojo.
- No. Contesté nerviosa.
- Permítame, si no es nada, miré hacia arriba.
Maldecía en silencio la hora en que me vio, mi ojo izquierdo estaba para aparecer en la portada de cualquier revista y en cambio mi ojo derecho se veía pequeño, pálido, tímido. Yo estaba lista para correr. Veía la marca del foco se leía SILVANIA pensando que todavía no había pagado mi tónico, seguramente tendría que hacerlo con mi dispareja apariencia. Me empezaba a resignar.
Al terminar esto ella me dijo:
- ¿Le puedo preguntar de dónde es usted?
- Soy mexicana
Me miró con los ojos muy... muy abiertos, ¿en serio?. Sin que nada más me importara le dije: - Sí. Yo estaba ya lista para pagar, intenté ponerme de pie pero ella me lo impidió se acercaba a mi sin quitarme la mirada de encima. - Dígame por favor si usted ha estado alguna vez en la Basílica de Guadalupe. En un tono indiferente le dije que sí. Ella estaba lista para explotar, permaneció muy cerca de mi sin dejar que me moviera.
– - Dígame ¿cómo es?
– - ¿Qué?
– - La Vírgen
– - Ahhhh ...muy bonita
Ella respiraba rápidamente por la emoción, pero dígame más por favor. Me rogó. Pues es muy bonita, ella interrumpió -seguro que se siente su poder desde que entra uno a su templo. - Ehhh sí el edifico es impresionante muy moderno. A ella no le importaba la arquitectura me di cuenta. - Pues la gente la respeta mucho. Afirmé.
Ella con tristeza en la mirada me dijo: - Usted es muy afortunada, muchos daríamos lo que fuera para poder verla. Hablaba en serio, más miedo me dio, con temor a contradecirla murmure: - Es cierto. Ella dejó de hablar me seguía mirando, yo le sonreí ella no reaccionó. Volvió en sí como si acabara de despertar...Suspiró...
- ¿Está usted lista?
No muy segura contesté
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué?
- Sí, ¿para qué?
Me sonrió: - no se va a ir con un solo ojo pintado, ¿verdad?.
Fabiola
Un día sin buscar, en una tienda de un aeropuerto encontré un tratamiento que me ofrecía una solución, sin tener nada más que perder (mi dinero o mis barros), tomé mi tarjeta de crédito la misma que comparto con mi esposo y viola!!! Tarjetazo.
Uno por uno el empedrado de mi cara se fue desvaneciendo, era como un milagro, muy feliz seguí al pie de la letra las instrucciones, lavar la cara con el jabón, aplicar el tónico, y después el humectante, un mes de tratamiento y mi cara lucía como nunca. El tónico era el que se acababa velozmente, poniéndome en la necesidad de ir al centro comercial y comprar más.
Odio ir a las tiendas, así que era vivir con granos y aprender a ser feliz o ir al centro comercial no tener granos y no aprender nada. Después de extensa deliberación me decidí ir a la tienda. Me estacioné en la parte trasera para evitar todo el congestionamiento de gente en la entrada principal, entré por atrás llegar al mostrador de las cremas en un par de pasos, el plan era… pedir lo que quería, pagar y salir corriendo.
Llegué al mostrador, el tónico estaba visible, lo pedí a la empleada que muy amablemente me saludo:
- ¿Para qué necesita usted este tónico, usted no tiene acné?
Secamente contesté - Pero, tenía.
- Nunca lo hubiera creído su piel luce estupenda.
- Gracias que amable.
- Tiene usted alguna pregunta sobre nuestros productos.
- No, me gustan mucho, gracias.
- Ya que usted está aquí le gustaría que le maquille sus ojos, tiene usted unos ojos muy interesantes.
No sé que me pasó, hubo algo en mi interior que me decía que debería de aceptar la invitación, además nunca nadie me había maquillado antes, me preguntaba cómo lucirían mis ojos, después de no quererme ver al espejo por meses, ahora tendría la oportunidad de disfrutar mis ojitos por una tarde. Le dije -Sí claro.
Me sentó en uno de esos banquillos altos una luz potentísima me alumbraba la cara, me puso crema en los parpados y comenzó a colorear, cada medio minuto me hacía que me viera en el espejo que estaba a mi derecha, yo elogiaba su trabajo y así pasamos un rato. Yo me empecé a preocupar cuando pasaban los minutos y ella sólo se concentraba en mi ojo izquierdo, no había tocado mi ojo derecho.
Corregía su trabajo, me decía que si los colores así que si los colores asado, ¿qué no me va a pintar el otro ojo?, parece que no. Se me quedaba viendo por largo tiempo, criticaba su obra, movía la cabeza, asintía, abría la boca para mencionar a medias uno que otro color, como haciendo una lista. No me preocupaba la salida del centro comercial con un ojo pintado y el otro no, lo que me preocupaba era mi incapacidad de preguntarle... de pedirle que me pintara los dos ojos.
Dibujaba en mi mente los atajos que tomar para ser vista por menos gente y como llegaría a casa. Cuando al final me dijo que ya había terminado mi ojo, alguien la llamó, me pidió que la esperara unos minutos. Tomé rápidamente el delineador de ojos y alcancé a dibujar una línea en mi parpado inferior de mi ojo derecho, ví que se acercaba y dejé el lápiz donde estaba.
- ¿Qué le parece?
- Muy bien. Enfatizando. MI OJO SE VE MUY BIEN.
- Gracias, de verdad brinda más luminosidad a su cara.
Ella notó que mi ojo derecho estaba delineado, - ¿Fui yo la que pintó esa línea en su otro ojo?
Contesté nerviosa - No fui yo quería ver como funcionaba su delineador
- Es excelente, ¿no cree?
- Sí buenísimo
- Déjeme quitar esa línea de su ojo.
- No. Contesté nerviosa.
- Permítame, si no es nada, miré hacia arriba.
Maldecía en silencio la hora en que me vio, mi ojo izquierdo estaba para aparecer en la portada de cualquier revista y en cambio mi ojo derecho se veía pequeño, pálido, tímido. Yo estaba lista para correr. Veía la marca del foco se leía SILVANIA pensando que todavía no había pagado mi tónico, seguramente tendría que hacerlo con mi dispareja apariencia. Me empezaba a resignar.
Al terminar esto ella me dijo:
- ¿Le puedo preguntar de dónde es usted?
- Soy mexicana
Me miró con los ojos muy... muy abiertos, ¿en serio?. Sin que nada más me importara le dije: - Sí. Yo estaba ya lista para pagar, intenté ponerme de pie pero ella me lo impidió se acercaba a mi sin quitarme la mirada de encima. - Dígame por favor si usted ha estado alguna vez en la Basílica de Guadalupe. En un tono indiferente le dije que sí. Ella estaba lista para explotar, permaneció muy cerca de mi sin dejar que me moviera.
– - Dígame ¿cómo es?
– - ¿Qué?
– - La Vírgen
– - Ahhhh ...muy bonita
Ella respiraba rápidamente por la emoción, pero dígame más por favor. Me rogó. Pues es muy bonita, ella interrumpió -seguro que se siente su poder desde que entra uno a su templo. - Ehhh sí el edifico es impresionante muy moderno. A ella no le importaba la arquitectura me di cuenta. - Pues la gente la respeta mucho. Afirmé.
Ella con tristeza en la mirada me dijo: - Usted es muy afortunada, muchos daríamos lo que fuera para poder verla. Hablaba en serio, más miedo me dio, con temor a contradecirla murmure: - Es cierto. Ella dejó de hablar me seguía mirando, yo le sonreí ella no reaccionó. Volvió en sí como si acabara de despertar...Suspiró...
- ¿Está usted lista?
No muy segura contesté
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué?
- Sí, ¿para qué?
Me sonrió: - no se va a ir con un solo ojo pintado, ¿verdad?.
Fabiola